Mirando por las largas y oxidadas rejas
allí, deseando;
allí, esperando;
que a la dulce luna se le ocurra
tirarme su brillante y frágil semilla.
Pero sólo se encarga de seducirme iluminando
mi densa, vaga, fantasma oscuridad.
Sólo se dedica a flotar
entre el minucioso abismo del incitar y el obligar.
Ya se van apagando mis chispas.
Noctámbulo con sueño;
yo vivo sin mi vida,
yo sufro sin mi alma.
Sólo consumo con mi mente,
creo que lo juego fríamente.
Y esas paredes que juntos construimos,
esas que también juntos destruimos,
son las que me encapsulan ahora
Sin poder salir,
Sin poder sentir.
Y tal vez sean ellas también
las que una vez más me priven de existir.
Juan Revol
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